Manifiesto de familias adoptivas

He creado este manifiesto para poner en común esas situaciones que nos pasan y que no siempre reaccionamos con la misma paciencia. En los años que llevo vinculada a la adopción, me han pasado miles de situaciones como las que expongo. Sé que a otras familias les ha pasado lo mismo. En ocasiones reaccionas con más paciencia y en otras no tienes tanta. Pero son situaciones que se repiten una y otra vez.

Ser padres adoptivos es sinónimo de recibir preguntas libres e indiscretas. Eso no lo entiendo. Aún no sé por qué se desencadenan esas preguntas, pero es algo que pasa. La palabra adopción da un “derecho” especial a poder preguntar lo que plazca. Yo no lo entiendo. Puedo comprender que haya quién sienta curiosidad y que pregunte, puesto que el tema le resulte desconocido. Pero hay ciertas preguntas, de nuestra intimidad o de la de nuestros hijos, que no las entiendo.
Hay quién cree tener cierto derecho a opinar. Para mí eso es impertinente y no lo permito, menos ante mis hijos. Nos encontramos con situaciones realmente alucinantes cuando, en pleno momento emotivo de comunicarlo, alguien te suelta un: “¿negros?… ¿y por qué no una chinita?”. Todos buscarían otro perfil, otra nacionalidad, lo harían de otra manera, todos opinan. Y no depende de una cuestión de cultura, es una cuestión de impertinencia. Eso no lo da estudiar, lo da la mala educación. Por eso, yo propongo ponerse una vez roja antes que cien amarillos y ante nuestros hijos.
105H
Los padres que tenemos hijos adoptivos no somos una ONG. Otra situación muy habitual es aquella en que nos ven como si fuéramos los salvadores de la especie. Frases como: “vais a salvar a esos niños…” o “ya pueden estar agradecidos…” las vamos a oír a lo largo de toda nuestra vida y nos vamos a cansar de repetir que eso no es así. Sólo somos unos padres que cuidamos de nuestros hijos. Después suelen venir las preguntas sobre lo que nos ha costado la adopción, preguntas sobre el pasado de nuestros hijos, su origen, su vida familiar, etc.
Somos una familia que llama la atención, hay que acostumbrarse. Somos conscientes de ello. Al entrar en algún lugar la gente se gira y nos mira. Yo ya lo doy por hecho. Entramos nosotros con nuestra preciosa niña de Bielorrusia, con esa estatura y esos maravillosos ojos verdes, y nuestros niños, con su preciosa piel negra y su pelo rizado. La mezcla es bonita y llamativa. Es normal que se giren. Lo que no es normal es que nos convirtamos en el centro de atención durante toda la cena. Mi hijo mediano se agobiaba mucho los primeros meses: no quería comer ni quería ir a ningún sitio. Al final, cada vez que volvía a pasar, opté por exclamar : “buffff… ya me están mirando otra vez, ya sabía yo que estaba muy guapa hoy”. Así empezamos a reírnos poco a poco y él se sintió mejor. Ahora, cuando llevan un rato mirando, ¡él saluda!
Deberíamos zanjar todas estas situaciones en el primer momento en que ocurren. Nosotros lo hacemos con educación… ¡y con humor! Hemos creado este manifiesto para recordar que, siempre con educación, debemos responder ante cada situación como se merece. Tendemos a sentir vergüenza ajena y no contestar como la situación lo requiere. No olvidemos que lo que estamos protegiendo es el bienestar de nuestros hijos y eso es lo más importante. Si lo tomamos todo con un poco de humos, mejor para todos.
Por suerte hay gente maravillosa que nos sorprende por su talante. De estas personas es de quiénes debemos aspirar tanta energía positiva como podamos para inculcar a nuestros hijos que no todos son iguales.
Espero que este manifiesto os sirva para encontrar una sonrisa cuando os veáis en estas situaciones….. descargar Manifiesto

 

 

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